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22

Oct

“HAY QUE ENSEÑAR A NUESTROS HIJOS LA CULTURA DEL ESFUERZO Y DEL RESPETO”

Con sus más de 1,90 metros de altura, Pedro García Aguado impone, pero basta con mirarle a los ojos para ver esa chispa infantil de niño travieso. Por eso conecta tan bien con la juventud. Su etapa en “el lado oscuro” ha hecho de él un excelente terapeuta que ayuda a chavales con problemas de conducta y de adicciones así como a sus familias. Actualmente se encuentra inmerso en muchos proyectos de los que hay que destacar el programa ‘Ayúdame a Educar’, un curso en el que los padres son los protagonistas.

Pregunta.- Medallista olímpico, plata en los Juegos del 92 y oro en el 96, ¿cómo te inicias en el waterpolo?
Respuesta.- Por mi familia, mis hermanas eran muy buenas nadadoras, de hecho la mediana quedó campeona de España de 400 y 800 libres y, como soy el pequeño, cada vez que iban a entrenar, me llevaban a la piscina. Es verdad que empiezo nadando pero en una de las calles alrededor de la piscina digo, “a mí me gusta eso que hacen los de la pelotita”, y de un año para otro, sin pedir permiso me meto en el grupo de waterpolo y, desde entonces, 20 años estuve mojándome.

P.- Te retiras en el 2003 a nivel competitivo pero, ¿sigues de alguna manera ligado al waterpolo o a algún deporte?
R.- Me retiro por una serie de problemas personales que tienen que ver con el consumo de alcohol y de otras sustancias y el psiquiatra que me trata, me da la explicación médica empírica que, al parecer es, que mis comportamientos y la asociación que tengo yo con una serie de actitudes va ligado a esa vida que he llevado durante esos 20 años. Me recomienda que me aparte de ese entorno. En mi tratamiento sigo haciendo una actividad física pero moderada y durante un año y medio estuve apartado de todo lo que tenía que ver con mi deporte.

P.- ¿Qué te ha quitado y qué te ha dado el deporte?
R.- El deporte realmente quitarme, a mí, no me ha quitado nada. Me ha dado la posibilidad de viajar, me ha enseñado una serie de habilidades que no te enseñan en otros sitios: a trabajar bajo presión, a manejar situaciones complicadas, a tomar decisiones, ejecutar esas decisiones, la disciplina, la rutina, el trabajo en equipo…, todo eso lo vas aprendiendo desde muy pequeñito y no está en los libros. Eso para mí ha sido una de las cosas más importantes, incluso luego todo eso me sirvió para recuperarme de mi adicción, así que imagínate todo lo que el deporte me ha dado.

P.- A nivel mediático se te empieza a conocer por el programa ‘Hermano Mayor’. ¿Cómo llegas ahí para ayudar a esos chavales tan conflictivos?
R.- Cuando empiezo a hacer ese programa no tenía ni idea de televisión. En esa época vengo del mundo de las adicciones, de trabajar como terapeuta ayudando a otros y acababa de publicar mi libro ‘Mañana lo dejo’, en el 2008, donde cuento mis peripecias. Entonces, hay un formato francés que se llama Hermano Mayor, lo compra una productora española y justo coincide con la publicación de mi libro, por eso me escogen para que sea el Hermano Mayor.

P.- ¿Cómo crees que pueden llegar a ese tipo de conductas tanto los adolescentes como sus progenitores?
R.- Creo que en la noche de bodas ya empieza a ir mal la cosa (risas). Ahora en serio, hay que plantearse qué es tener un hijo, hablar de quien es más permisivo o más firme a la hora de solucionar problemas porque al final, lo que ocurre es, que cada uno educa de la mejor manera que sabe y los niños y las niñas son muy listos, todos queremos salirnos con la nuestra.

P.- A rasgos generales ¿qué es lo que falla en unos padres y qué es lo que falla en unos hijos?
R.- Hay cuatro modelos educativos. El autoritario, el sobreprotector, el colega permisivo y el democrático conciliador.

De estos cuatro modelos, los tres primeros que te he dicho, lo que falla es el modelo en sí. El autoritario da como resultado chavales con baja gestión de la frustración, falta de autoestima, reaccionan con violencia cuando las cosas no salen como quieren, etc… Porque el autoritario es “lo haces porque lo digo yo”. Y claro, cuando el niño o la niña van creciendo pues, ahora es porque lo dicen ellos.

El sobreprotector es que tú generas que tu hijo o tu hija cada vez que hay algo que no le va bien, te vaya a buscar. Y como no se lo des, se va a enfadar. No sabe hacerlo y eso le genera muchísima inseguridad y se asusta. Lo que falla es que no les enseñas a tener seguridad en sí mismos.

El tercero es el colega permisivo, el de papis y mamis colegas, ese es el más perjudicial, el más negligente: “Yo es que soy muy progresista, quiero la comunicación…, yo con mis hijas me comunico pero, cuando hay que cumplir una norma, un horario o lo que sea, lo hablamos e incluso negociamos, pero hasta aquí, porque hay unos límites y ¡oye no están traumatizadas ni nada!”

Estas tres formas de educar son las que favorecen comportamientos tiránicos. Si no enseñamos a nuestros hijos la cultura del esfuerzo, a respetar a las personas mayores, básicamente lo que nos enseñaron nuestros padres cuando éramos pequeñitos, de forma natural y con mucho sentido común, los hijos al final se comportarán como les han enseñado.

P.- ¿Durante el confinamiento has tenido mensajes de SOS de los padres?
R.- Muchísimos. Ha habido papás que se han dado cuenta que el modelo educativo que utilizaban no les servía. Muchos padres han visto que habían usado los dispositivos electrónicos para evadirse de su responsabilidad como educadores y se han dado cuenta de la sobreexposición a las pantallas que tienen sus hijos. Otros se han enterado que sus hijos fumaban porros, como les faltaba, se saltaban el confinamiento. Ha habido de todo.

P.- Ahora estás con una nueva iniciativa que se llama ‘Ayúdame a Educar’ junto con la Fundación Anda Conmigo. ¿En qué consiste?
R.- Como te he dicho, los modelos educativos favorecen comportamientos tiránicos dentro del ámbito del hogar y también actitudes de riesgo como puede ser el inicio de alcohol y de otras sustancias. De los cero a los doce años el modelo educativo que utilicemos nos va a favorecer una adolescencia divertida o desastrosa.

Ayúdame a Educar ¿qué es lo que hace? Si detectas que tu hijo o que tu hija se sale siempre con la suya, que no te hace caso, que eres incapaz de manejarte con ellos, ven y en diez sesiones te vamos a ayudar a ti, a papá y a mamá, a educar de la manera que te ayude a evitar esos comportamientos.

Es un entrenamiento para padres, no es un tratamiento para hijos. Una educación donde la niña y el niño se sientan seguros cumpliendo las normas, los límites, entendiendo que, si no los cumplen, habrá consecuencias, que es el mal endémico que ha habido. Cuando los papás y las mamás cambian su forma de educar, los niños cambian.

P.- ¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?
R.- El reconducir ese tipo de convivencia, personas que sienten que el haber tenido un hijo o una hija es lo peor que han tenido en su vida, la peor decisión. Cuando te llegan así y yo les digo “oye, que tu hijo no es mala persona, que tienes unos determinados problemas”. El dar unas pautas y ver a esos padres reconciliarse con su hijo y que se quitan ese sentimiento, eso es lo más bonito.

P.- Te quedarán muchas cosas por hacer todavía ¿pero hay alguna en especial que esté pendiente?
R.- De proyectos de trabajo seguir ayudando a jóvenes con problemas. A nivel personal me apetece asentarme en un sitio con una pequeña casita con jardín a la que mis hijas puedan venir siempre que quieran a estar conmigo. Ese es mi proyecto de vida.



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